La Prehistoria y gastronomía de Cantabria inspiran al sector turístico japonés

El modelo PrehGastro, que une la ciencia prehistórica y la gastronomía de Cantabria, viaja hasta la cuna de la civilización japonesa para inspirar y formar a sus expertos en turismo y patrimonio.

En el corazón de Japón, donde la tradición milenaria se encuentra con la innovación más vanguardista, se ha cocinado un interesante intercambio cultural. La directora del Grupo EvoAdapta de la Universidad de Cantabria, Ana Belén Marín Arroyo, viajó a la ciudad de Nara con una misión muy especial: presentar a los profesionales nipones del turismo y la cultura un proyecto que demuestra que la Prehistoria no solo se visita, sino que también se puede saborear.

1_Ana B. Marín Arroyo, directora del Grupo EvoAdapta, presentando PrehGastro en Japón

La ciencia como punto de partida

Ese proyecto es PrehGastro, una iniciativa pionera que nace con un objetivo claro: unir la investigación prehistórica de primer nivel con la excelencia gastronómica de Cantabria. No se trata de una ocurrencia, sino de un modelo basado en evidencia científica que busca generar turismo de alto valor añadido y dinamizar el entorno rural. Para ello, parte de una base sólida: Cantabria es epicentro de la Prehistoria —con cuevas Patrimonio de la Humanidad como Covalanas o El Castillo— y también cuna de una cocina de vanguardia avalada por estrellas Michelin y Soles Repsol.

Esta base fue el eje de la ponencia de Marín Arroyo en el congreso celebrado en Nara, sede del prestigioso Instituto Nacional de Investigación de Bienes Culturales. Allí explicó cómo el proyecto se cimentó en tests de concepto, en los que profesionales analizaron la propuesta y en encuestas a viajeros para identificar qué busca el público en una experiencia arqueogastronómica. Un planteamiento que ha convertido a PrehGastro en un modelo exportable de desarrollo territorial sostenible.

Cultura a fuego lento

«Japón reúne las condiciones idóneas para desarrollar PrehGastro», afirma la catedrática de Prehistoria de la UC. «Compartimos los mismos ingredientes fundamentales: patrimonio UNESCO, una investigación de primer nivel — como demuestran el hallazgo de los contenidos en las cerámicas del periodo Jōmon, las más antiguas del mundo— y una cultura gastronómica donde el detalle se eleva a categoría de arte.»

Durante su estancia, Marín Arroyo participó en seminarios sobre métodos de cocina del pasado, junto a especialistas japoneses, canadienses y austríacos, dirigidos por el anfitrión Shinya Shoda, jefe de Cooperación Internacional del instituto y cofundador de la revista Archaeology of Food and Foodways. También visitó sus laboratorios, donde conoció técnicas avanzadas para el análisis de lípidos en cerámicas antiguas, una línea de investigación paralela a los estudios que dan vida a PrehGastro.

El plato fuerte: una experiencia que traspasa fronteras

El broche de oro fue la degustación de una experiencia arqueogastronómica inspirada en el período Nara (año 710). Un banquete en el que, según Marín Arroyo, «la atención al detalle y el exquisito cuidado en la elaboración y el emplatado» demostraron la sensibilidad japonesa hacia la relación entre patrimonio, memoria y gastronomía. Una sensibilidad alineada con el espíritu de PrehGastro.

Y es que lo presentado en Japón como un modelo de futuro, ya es una deliciosa realidad en Cantabria. PrehGastro plantó su primera semilla en 2024 y, tras su éxito, ha extendido sus raíces hasta los Valles Pasiegos junto con el Programa LEADER. Para quien no pueda esperar a saborear la Prehistoria cántabra de manera innovadora, puede acercarse al Restaurante Ronquillo en Ramales de la Victoria, donde puede disfrutar de un menú degustación que lleva al comensal de viaje por el paladar de nuestros ancestros. Un recorrido que conecta las evidencias científicas halladas en yacimientos y cuevas visitables, como Covalanas y Cullalvera, con la creatividad culinaria del chef David Pérez.

Esta exitosa simbiosis entre pasado y futuro, entre investigación y tradición, es precisamente la «receta» que la investigadora ha llevado a Japón. Una fórmula que, gracias a esta participación internacional, abre ahora nuevas vías de colaboración para seguir valorizando el inmenso patrimonio prehistórico, demostrando que la mejor manera de honrar la historia es, a veces, hacerla parte de nuestra vida y de nuestra mesa.