El Grupo EvoAdapta de la Universidad de Cantabria lidera el estudio que confirma que los nidos de este buitre europeo, el más amenazado del continente, actúan como “cápsulas del tiempo” que conservan valiosa información ecológica y objetos humanos de lo más inesperados
Una investigación interdisciplinar pionera, publicada en la revista Ecology, ha redefinido el papel del quebrantahuesos como un «arqueólogo de la naturaleza». Este estudio, que introduce metodología arqueológica en favor de establecer programas de recuperación de la especie, es coliderado por Antoni Margalida, investigador del IREC-CSIC, y la catedrática de Prehistoria Ana B. Marín-Arroyo, directora del Grupo EvoAdapta de la Universidad de Cantabria.
La investigación comenzó en 2008, cuando en colaboración con investigadores del CSIC, Universidad de Granada y de la Consejería de Desarrollo Sostenible de Castilla-La Mancha comenzaron a recuperar los materiales acumulados en nidos históricos de zonas mediterráneas donde la especie llevaba, al menos, 70 años ausente. Lo que empezó como un intento por reconstruir la dieta del quebrantahuesos —fundamental para avanzar en los programas de reintroducción— se transformó en un proyecto que combina arqueología, etnografía y ecología.
Nidos históricos como museos naturales
Con el objetivo de proteger del frío a sus polluelos, los quebrantahuesos buscan en la naturaleza material para termorregular sus nidos, como lanas de oveja, los cuales ubican en refugios rocosos o cuevas para aprovecharse de las condiciones microclimáticas estables que caracterizan a estos lugares, dotándoles a su vez de ese carácter conservador de materiales a lo largo del tiempo.
El quebrantahuesos está catalogado como especie en peligro de extinción en España; su función ecológica es esencial porque transforma la carroña en materia orgánica que vuelve a las redes tróficas y, al eliminar restos animales, limita la propagación de patógenos que afectan a la ganadería y a la salud humana. Los proyectos de reintroducción desarrollados en Andalucía, Picos de Europa y Maestrazgo representan un gran avance en la recuperación de la especie.
Descubrimientos inesperados
Entre 2008 y 2014, los investigadores llevaron a cabo una intensa campaña de estudio en el sur de España, examinando más de 50 nidos históricos bien conservados. Se accedió a doce de estos nidos cuyos materiales fueron recuperados capa por capa, como dice Ana B. Marín-Arroyo: “tal y como hacemos en las excavaciones arqueológicas, recogiendo los hallazgos de manera estratigráfica, preservando así el orden de depósito de los mismos a lo largo del tiempo”.
Del análisis de los 12 nidos examinados, entre los múltiples palos que conforman la estructura, se recuperaron 2.483 restos: la mayor parte correspondía a materiales biológicos vinculados a la dieta, así como pezuñas de animales, fragmentos de cáscara de huevo y multitud de excrementos (denominados tizas). Además, entre ellos se recuperaron 226 objetos de origen humano, casi el 10 % del total, que las aves incorporaron para crear y proteger los nidos.
Entre los artefactos encontrados destacan extraordinarios objetos históricos fabricados con esparto, un material vegetal común en el Mediterráneo ibérico desde el Epipaleolítico, hace unos 12.000 años. Entre esos materiales humanos aparecen piezas que hablan de materiales, oficios y usos que cruzan siglos. Se contabilizaron veinticinco objetos de esparto —fragmentos de cestería, trozos de cuerda y cuerdas—, junto a varios ejemplares de agobías, el calzado tradicional conocido como alpargata; asimismo, se recuperaron 129 restos textiles y 72 fragmentos de cuero. Incluso afloró un virote de ballesta, hallazgo singular que subraya la capacidad de estos nidos para conservar objetos históricos inesperados y de gran valor informativo.
Las dataciones de carbono 14 revelan que un fragmento de cestería data del siglo XIX, mientras que una alpargata completa y un fragmento de máscara decorada con líneas rojas superan los seis siglos de antigüedad, situándolos a finales del siglo XIII.
«Al realizar un análisis proteómico en la máscara comprobamos que se trataba de piel de oveja; esta técnica, que consiste en extraer las proteínas del material biológico para determinar a qué especie pertenece, es una metodología que aplicamos con frecuencia en nuestro laboratorio», explica Ana B. Marín-Arroyo. Este nuevo enfoque abre y consolida una nueva vía de investigación para reforzar los programas de reintroducción del quebrantahuesos en España, además de ampliar la información sobre el comportamiento del animal como agente biológico en cuevas ocupadas igualmente por grupos humanos en el pasado.
Implicaciones interdisciplinares
Desde una perspectiva ecológica, los restos óseos de ungulados encontrados proporcionan información valiosa sobre la dieta de la especie desde la época medieval, los cambios en el espectro trófico, el entorno medioambiental y la distribución y abundancia de especies de vertebrados silvestres y domésticos. Además, los restos de cáscaras de huevo permitirán estudios toxicológicos comparativos cruciales sobre la carga de pesticidas, información de máxima importancia para la recuperación de la especie en Europa y la selección de sitios de liberación adecuados.
Desde una perspectiva arqueológica y etnográfica, la acumulación de artefactos humanos proporciona información sobre la tecnología antigua, los cambios en la cultura material y el patrimonio biocultural en áreas montañosas.
Los autores concluyen que el quebrantahuesos puede considerarse un bioindicador de valor excepcional para la monitorización a largo plazo de los ecosistemas y para el avance de la investigación interdisciplinar. Subrayan, además, la importancia de estudiar el pasado y de fortalecer la colaboración entre especialistas de distintas áreas con el fin de construir un futuro más sostenible, tanto para nosotros, como para las especies con las que compartimos el planeta.
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